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Luis Vega Cardón Diputado

Discurso del Diputado Luis Vega Cardón en la cámara de diputados de la LXIII Legislatura

5.5 millones de pesos dejarían de recibirse diariamente en Ixmiquilpan a partir del próximo año.

Si, ésta es una cifra perfectamente cuantificada, cada día llegan al municipio y sus comunidades 5.5 millones de pesos, que de inmediato se incorporan a la economía de la región.  Las remesas, para nadie es una novedad, son una fuerza muy importante de la economía de México, al nivel de los ingresos que por Turismo recibe la nación y muy por arriba de los ingresos petroleros. No estamos hablando de un asunto menor.

Tampoco es novedad mencionar que las divisas del turismo van hacia las cuentas bancarias de los hoteleros y restauranteros, principalmente; los ingresos por petróleo van a las arcas de la Secretaria de Hacienda y en el caso de las remesas, éste dinero, va directamente a los hogares de las familias pobres de México.

Mentira que las remesas solo se gastan para la fiesta de XV años de las hijas, estos son casos de excepción. Las mujeres que se forman en las oficinas de Wester Unión o de Money Gram, usan el dinero para la alimentación de su familia, lo que sobra, si es que sobra, lo aplican en la construcción de una vivienda y la educación de los hijos. De ello existen múltiples testimonios.

El sueño Americano sigue siendo una realidad para muchas familias Ñahñu, pero ésta realidad puede cambiar.

En el Valle del Mezquital, mi región de procedencia, existe mucha inquietud por lo que acontece en el vecino país del norte; el Candidato Republicano Donald Trump  ha dicho que de ganar la Presidencia de los Estados Unidos, decomisará  las remesas para levantar un muro en la frontera con México.

No puedo ser y mostrarme indiferente ante la angustia que percibo de muchas familias hidalguenses.

Las familias de los migrantes están verdaderamente preocupadas, tenemos que decirlo con esa claridad: la advertencia del decomiso de los envíos sería  un robo, no otra cosa.

Si el flujo de dinero proveniente del norte se detiene, el impacto en la economía regional puede ser devastador en algunas localidades.

¿Podremos hacer algo al respecto? Claro que sí.

Según cifras de la oficina del Censo, oscila entre 18 y 22 millones de personas con derechos civiles en Estados Unidos, incluyendo a muchos hermanos latinoamericanos. La cifra crece casi en otro tanto si nos referimos a  americanos descendientes de mexicanos en primera o segunda generación.

No es un número pequeño el de los mexicoamericanos con ciudadanía americana o doble nacionalidad.

Todos en esta sala, diputados, asesores legislativos, trabajadores del Congreso e incluso, los amigos de la prensa; todos tenemos un familiar, un vecino, un amigo en los Estados Unidos. Yo diría que casi todos los mexicanos tenemos un contacto, una relación familiar o de amistad viviendo, trabajando o hasta ejerciendo sus derechos electorales en la Unión Americana.

Desde México podemos detener al personaje que impulsa una candidatura a partir del odio y el encono entre seres humanos; impulsemos pues, el voto de mexicoamericanos  con una llamada telefónica, un correo electrónico, fotografías y videos.  Hagamos llamadas telefónicas a locutores hispanos que transmiten en español, intensifiquemos una campaña en redes sociales con diversas etiquetas electrónicas conocidas como hashtags.

En breve, miembros del Consejo Supremo viajarán a varias ciudades de los Estados Unidos para apoyar ésta causa.

Hago un exhorto al Congreso de la Unión, a los señores Diputados Federales y Senadores de la República, para que en el ámbito de sus competencias, levanten la voz y respalden a los paisanos y por ende, a las familias que dependen de las remesas.

Estamos a tiempo para contribuir con nuestro granito de arena en la arremetida contra quienes pecaron buscando un ingreso económico y el bienestar de su familia, aun a costa de la desintegración familiar, ante la falta del jefe o jefa de familia en el proceso de formación de los hijos.

Actuemos. Quizá ese grano de arena sea la diferencia.

El discurso de odio que ha sembrado Donald Trump puede generar una crisis humanitaria que nadie desea.

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